Estudios de Reiki

Reiki es un camino espiritual que persigue un estado de paz y tranquilidad mental, para ello usa prácticas como la meditación o la imposición de manos. Reiki es tambien conocido por sus efectos terapéuticos y, en verdad, casi todas las personas lo definen como una terapia. En cuanto a Reiki como camino espiritual no suelen haber ni confusiones ni dudas, pero cuando se habla de Reiki como terapia suelen aparecer diferencias importantes de opiniones: exageraciones o negaciones rotundas de su efectividad. Aunque no hay demasiados, sí se han hecho algunos estudios sobre la efectividad de Reiki, aquí os dejo unos cuantos (la mayoría están en inglés):

Estudio con enfermos de cáncer (Olson K., Hanson J., Michaud M.)
Estudios con pacientes con dolor y ansiedad (Susan Thrane and Susan M. Cohen)
Estudio con pacientes con dolor y ansiedad (Vitale AT., O'Connor PC.)
Estudio con pacientes con depresión (Goldman, 2004)
Estudio con pacientes con ansiedad y estrés (Wardell y Engebretson, 2000)
Estudio de los efectos de Reiki en personas que sufren estrés y fatiga (Natale, 2012)
Estudio con pacientes con pérdida de memoria y problemas cognitivos (Crawford et al, 2006)
Efectos del Reiki en el Sistema Nervioso Autónomo (Mackay et al, 2004)
Estudio con pacientes con depresión, ansiedad y dolor (Fleisher et al, 2014)

Jordi Ibern (Septiembre 2017)
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Experiencias del viaje a Japón - Kioto

En marzo de este mismo año (2017) realizamos un curso de maestría de Reiki y viaje a Japón. Fuimos un grupo de 14 personas de diferentes países. Visitamos Kioto, Kurama y Tokio. Aquí te hablaré de Kioto, más adelante escribiré acerca de Kurama y de Tokio.

La llegada al aeropuerto de Osaka (Kioto no tiene aeropuerto) se produjo a lo largo de todo el día. Algunos aterrizaron a las diez de la mañana, otros a las siete de la tarde. Era sábado. Decidí empezar las clases el día siguiente a las diez de la mañana. Acordamos encontrarnos a las 9.15 en el vestíbulo del hotel para salir caminando juntos hacia el estudio de yoga y meditación que habíamos alquilado para las clases.

El hotel estaba situado en el distrito de Gion, muy conocido por ser el barrio de las geishas de Kioto. Pero Gion es mucho más. Muchísimo más. Es un distrito en el que perdura el Japón que deseas encontrar cuando vas a Japón. Sus callejuelas laberínticas con casas de madera, fanales rojos, kimonos y restaurantes típicos de Ramen te permiten viajar a una época no muy lejana pero sí añorada. Gion e Higashiyama, el distrito vecino, son el Japón de las historias japonesas.

Después de las presentaciones, los saludos y los abrazos nos dirigimos caminando al estudio donde pasaríamos las mañanas durante nuestra estancia en Kioto. Veinticinco minutos caminando según el GPS. Salimos del hotel y seguimos la calle principal durante unos doscientos metros, giramos a la derecha en un pequeño callejón para encontrarnos nuestro primer regalo no esperado: Una entrañable calle que seguía un canal de agua cristalina, pirenaica, en medio de la ciudad. El paseo no podía ser mejor. El GPS no había considerado en sus cálculos que los ‘paseantes’ llevaban cámaras fotográficas y móviles. Tardamos bastante más de lo previsto. Después de la entrañable calle, una torii de espectaculares dimensiones. Una torii es una puerta que representa el paso de lo profano a lo sagrado en la tradición sintoísta. Son puertas-arcos que encuentras en todas partes en Japón y que, normalmente, están pintadas de un anaranjado chillón (tienes una en los emoticonos de WhatsApp, junto a los templos). Después de la torii rodeamos un enorme templo para llegar a una calle ancha que nos llevaría muy cerca del estudio. Este se encuentra en un barrio tranquilo y tradicional del antiguo Kioto.

El estudio resultó ser exactamente lo que necesitábamos: Un lugar tranquilo y acogedor. Como es costumbre en Japón nos recibieron con un té y una sonrisa. Nunca te cansas ni del té ni de la sonrisa. Nunca. Empezamos las clases con nuevas presentaciones y un esquema de lo que veríamos durante los próximos días. Meditamos. Recitamos los Gokai (los principios de Reiki). Practicamos Reiki. Esa primera clase me emocionó. Mi primera clase de Reiki en Japón. Me sentía feliz. La clase duró tres horas. La felicidad aún perdura.

Después de comer todos juntos cerca del estudio nos dirigimos paseando, sin prisa e ilusionados, hacia Higashiyama. Casas de madera, toriis, árboles centenarios, templos, kimonos, tiendas de cerámica, té macha, cerezos casi en flor, más templos, más kimonos, más té macha… El paseo fue un regalo para todos. Ni rastro de jet lag durante el día. Visitamos el templo Kiyomizu dera, hicimos una pequeña ofrenda y bebimos de dos de los tres arroyos sagrados del ‘templo del agua pura’. Beber de los tres se considera codicioso. Según la leyenda las aguas de los tres arroyos regalan a quien bebe de ellas, salud y longevidad, éxito en los estudios y amor. Un regalo en cada arroyo. Debes escoger dos. Al atardecer regresamos caminando a Gion. Llovía. Cenamos en un pequeño restaurante cercano al hotel y fuimos a acostarnos. Un primer día inolvidable.

Cada mañana andamos contentos nuestro camino al estudio. Lo disfrutábamos. Al llegar al estudio un té y una sonrisa. Tres horas de Reiki para terminar comiendo cerca del estudio. Una rutina que parecía gustar a todos. A mí también, por supuesto.

Uno de los días fuimos a Arashiyama, en las afueras de Kioto, teníamos reserva para cenar en un restaurante que me habían recomendado. Conocía la zona pero no el restaurante. Estaba un poco nervioso por si no era lo que esperaba que fuera. Seguimos las indicaciones del GPS por las calles de Arashiyama y descubrimos un precioso jardín japonés y 500 estatuas de piedra que representaban 500 alumnos de buda. Bambús y silencio alrededor. Era el restaurante. Tada, el dueño, nos recibió con una sonrisa y un té. ‘¿Barcelona?’ preguntó con un entrañable acento japonés. No parecía saber pronunciar mi nombre así que hice la reserva a nombre de ‘Barcelona’. Para llegar al edificio principal del restaurante cruzamos otro extraordinario jardín japonés. Me fascina la belleza que consiguen quitando en lugar de añadiendo. Un jardín japonés es zen, no tiene mucho pero no le falta nada. Tardamos en entrar al restaurante. La belleza resulta siempre cautivadora. El interior del restaurante era aquello que sueñas encontrar cuando vas a Japón: Tatami de bambú, mesas bajitas, música japonesa, camareros y camareras en kimono y té en la mesa. ¡Ah! Y sonrisas. Comimos los ‘entrantes’ sentados en el tatami de bambú mientras el tofu, especialidad del lugar, se cocinaba frente a nosotros. La decoración del interior era como la del jardín: Casi nada pero todo. Los grandes ventanales en las paredes de bambú permitían admirar el jardín mientras cenábamos. Sacar el móvil para hacer una foto parecía una irreverencia. No sé el porqué, pero no encajaba. Disfrutamos de la comida y de la experiencia. Decir que me sentí aliviado sería injusto, me sentí feliz, muy feliz. El restaurante se llama Yodofu Sagano.

Hace ya suficientes años que doy clases como para empezar a conocer la responsabilidad que supone y, a la vez, comprender que no todo depende del que enseña. El grupo resultó ser lo que siempre debería ser cuando das una formación de maestría de Reiki. Disfruté mucho cada clase. Reiki. Nada más. Las tres horas de la mañana pasaron siempre deprisa, muy deprisa. Uno de los días ni siquiera me percaté de que hicimos una clase de cuatro horas. Mark, el dueño del estudio, me lo recordó delicadamente tratando de no interferir en la clase. Ni rastro de malestar. Levantarse por la mañana, caminar junto a amigos y compañeros en este extraño viaje que es el camino del Reiki y de la vida, disfrutar de tres horas de Reiki intensas y significativas, comer juntos para terminar disfrutando de alguno de los miles de rincones que Kioto ofrece es algo realmente difícil de ser igualado.

Hubo un día en Kioto que fue, para mí, muy especial. Después de la clase de la mañana y de comer pizza, a todos nos apetecía un poco de ‘occidente’, visitamos Ginkaku-ji, el pabellón de plata que no es de plata. Kioto tiene alrededor de 2000 templos, muchos de ellos de exquisita belleza. Posiblemente la decisión que más me costó tomar al organizar el retiro fue dejar fuera del programa el templo dorado. Escogí en su lugar Ginkaku-ji. El templo dorado es, para mí, la mejor fotografía que te puedes llevar de Japón. Pero el viaje no iba de fotografías ni de Instagram, iba de Reiki y del camino de auto conocimiento que inevitablemente Reiki conlleva.

Ginkaku-ji es un templo muy conocido, bello, excelso… Pero lo que realmente cautiva son sus jardines japoneses de belleza única. Solo al ver las fotos que, sin poder evitarlo, tomas del lugar te das cuenta que no transmiten en absoluto la pureza y la belleza que sientes cuando paseas, entre emocionado y vulnerable, por los caminitos marcados de los jardines. El agua, indispensable en todo lo japonés, los bambús, la delicadeza de los cuidados en los pequeños rincones, la arena perfectamente alisada… Hay dos palabras que definen los jardines japoneses, y en especial los jardines de Ginkaku-ji: Elegancia y belleza. En Ginkaku-ji la elegancia y la belleza son de tal magnitud que alcanzan el sentimiento espiritual.

Después de poco más de una hora en el recinto del templo, otro regalo para el alma, mi paseo preferido en Kioto: El Sendero del Filósofo. En mayúsculas. En minúsculas sería una falta de respeto. Recibe su nombre en honor a Nishida Kitaro, uno de los filósofos más famosos de Japón, que practicaba meditación mientras caminaba esta ruta diariamente desde su casa a la universidad Kioto. El Sendero del Filósofo son 1800 metros de placer y reflexión. El camino discurre junto a un pequeño canal de agua transparente y limpia y bajo la sombra de cientos de árboles de cerezo. Según mis pronósticos y mis deseos los cerezos debían estar en flor. No lo estaban. El invierno se alargó y mis pronósticos fallaron. Que los cerezos aún no estuvieran en flor tuvo dos repercusiones importantes: Perderse uno de los espectáculos más bellos de Japón y poder disfrutar del paseo casi en solitario. Durante los primeros doscientos metros del Sendero todos sentimos un poco de frustración; después de esos doscientos metros, los que los turistas de foto recorren, caminamos un kilómetro y medio de felicidad, vulnerabilidad e inmortalidad. El Sendero acabó. Seguimos caminando. Nadie quería no caminar. Cuando te das cuenta que al caminar avanzas no deseas detenerte ni a descansar. La parte norte de Kioto es un regalo. Normalmente está vacía de gente y de cámaras. Ese día caminamos alrededor de cinco kilómetros pero avanzamos cientos.

Reiki Ryoho tiene tres influencias elementales: el budismo, Japón y el sintoísmo. Imposible decir dónde acaba una y empieza otra. El viaje pretendía experimentar las tres para poder acercarse un poco más a la comprensión del camino de Reiki. Supongo que cada uno los sentimos a nuestra manera, pero creo que todos lo sentimos. Después de varios días de baños de Japón y budismo quería nadar en sintoísmo. En Kioto está uno de los lugares más sagrados de esta ancestral religión/creencia/cultura japonesas: Fujimi Inari.

Fujimi Inari es un santuario dedicado al Kami (Dios) del arroz. Es el lugar más visitado de Japón por los japoneses y por los extranjeros que viajamos a Japón. Sus miles, y digo miles porque son miles, de toriis vermellonas a lo largo de los senderos que recorren la montaña son un espectáculo visual comparable a pocas cosas en el mundo. El significado y origen de esas miles de toriis es la mejor explicación de la cultura japonesa. Cada una de las toriis ha sido donada por una persona, una familia o una empresa. Se trata de una ofrenda al ‘dios de la prosperidad’ para recibir su bendición. Un enfoque reflexivo y científico nos llevaría inevitablemente a pensar en superstición. No sé si lo es, pero no es lo que sientes mientras asciendes y desciendes a través de miles de toriis observado a cada paso por la mirada de los zorros de piedra que reinan en la montaña. En el sintoísmo los animales son los mensajeros de los kamis, los dioses de la naturaleza. El zorro es el mensajero de Inari, el dios del arroz. No todos subimos hasta la cima, solo algunos lo necesitábamos. Otros no. Inari estuvo con todos. Volvimos al hotel siendo sintoístas. No puedes no ser sintoísta, aunque sí puedes no recordarlo.

Kioto nos regaló la experiencia japonesa, budista y sintoísta. Con todo ello arropando el alma fuimos a Kurama.

¡Curso y Viaje a Japón 2018!

Jordi Ibern (mayo 2017)

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Experiencias del viaje a Japón - Kurama

El viaje de Reiki a Japón para realizar la maestría empezó en Kioto y continuó en Kurama.

Cuando vas a Japón en un viaje relacionado con Reiki sueñas con ir a Kurama, al fin y al cabo allí nació Reiki; deseas saber si realmente es un lugar especial o no. Kurama nunca decepciona, es, sin duda, mi rincón favorito de Japón.

Era primavera en un país donde las estaciones son lo que se espera que sean. Algunos días fueron soleados, otros lluviosos. Al contrario de lo que suele suceder en occidente, los japoneses no parecen molestarse si el día amanece lluvioso; al contrario, para ellos la lluvia es uno de los elementos de la naturaleza más venerado. La reciben felices.Yo estaba un poco preocupado. No me importaba si algún día llovía en Kioto o en Tokio, pero prefería que no lloviera el día que íbamos a Kurama. No lo hizo. Las temperaturas ascendieron a 23 grados. El día más caluroso de la primavera.

El viaje a Kurama empezó desde Gion, donde estábamos hospedados. Gion es uno de los barrios más bonitos y auténticos de todo Japón. Caminamos el medio kilómetro entre el hotel y la estación de metro. Un paseo más que agradable. Compramos comida para un picnic en Kurama: bolas de arroz, noodels, ensaladas, sushi, te verde y algo de fruta. Entramos en el metro. Para algunos era la primera vez que iban en metro en Japón. El metro en Japón es toda una experiencia: limpio, ordenado, extremadamente puntual, silencioso. En diez minutos llegamos al intercambiador con el tren que lleva directamente a Kurama. Subimos al tren y disfrutamos de los 40 minutos de trayecto. Última parada: Kurama.

Kurama es un pequeño pueblo en medio de un estrecho valle. Tan solo hay una calle, con casas a ambos lados, y un río. Al final de la calle está Kurama Onsen, un famoso Ryokan (hotel tradicional japonés) famoso por sus Onsen (balnearios). Ese sería nuestro destino final, pero antes íbamos a subir y disfrutar de Kurama Yama (la montaña de Kurama) y meditar en Kurama Dera (el templo de Kurama).

Al salir de la estación de tren de Kurama, si sigues recto de unos cincuenta metros y después giras a la izquierda te encuentras con las primeras escalinatas de Kurama. El lugar es precioso, y casi siempre está vacío de gente. Subimos las escaleras para llegar a la entrada principal del sendero que lleva a los templos. Todos estábamos entusiasmados. Sonrisas, fotos, comentarios…

Como en todos los lugares sagrados de Japón, en la entrada hay una fuente para purificarse. Uno a uno fuimos pasando para llevar a cabo el ritual: Agua en la mano izquierda, agua en la mano derecha, enjuagarse la boca y limpiar el bambú que sirve de cazo.

Empezamos la subida a pie por unas escaleras seguidas de una rampa ascendente de unos trescientos metros. Justo a mitad de la rampa, a mano izquierda, hay un pequeño templo sintoísta junto a un salto de agua. Primera parada. El lugar ideal para explicar los orígenes de Kenyoku ho (la técnica de la ducha seca). La inspiración de esta técnica proviene del sintoísmo, de un ritual llamado Misogi, que consiste en sentarse en meditación bajo una cascada de agua fría. Mientras explicaba podía percibir el entusiasmo de todos. No por mis explicaciones, sino por estar donde estaban.

Continuamos subiendo para llegar a otra ‘puerta de entrada’ a un lugar sagrado. Justo después de la puerta hay tres cedros centenarios con unas cuerdas a su alrededor. Estas cuerdas, llamadas Shimenawa suelen colocarse para venerar a los Kamis de la montaña: los Espíritus de Kurama. En Japón desde la antigüedad se cree que ciertos tipos de árboles sirven como morada a los Kami, las deidades espirituales del sintoísmo. El cedro del centro, junto a las escaleras, es el más espectacular y fascinante. Resulta casi imposible pasar a su lado sin hacer una reverencia. Todos la hicimos, al fin y al cabo entrábamos en su reino para disfrutar de sus obsequios. Puedo decir que todos nos sentimos bendecidos. Era una sensación palpable. Los Kamis de Kurama nos acogieron con los brazos abiertos. Seguimos subiendo con fuerzas renovadas.

A mitad de camino encontramos una nueva puerta que daba paso a la impresionante escalinata que conduce hasta los templos. El ascenso es algo exigente pero transmite un sentimiento de espiritualidad difícil de describir. Los cedros que ascienden como lanzas hacia el cielo acompañan a los caminantes durante todo el trayecto. Es un lugar bello, místico. Llegamos al primero de los templos. En el monte de Kurama hay varios templos, uno de ellos, el primero que encuentras siguiendo el sendero hacia la cima es sin lugar a dudas el mejor para meditar. Normalmente nadie entra debido a que hay que desviarse un poco del camino y la entrada está en un lateral. Entramos. Nadie en el interior. Silencio. Nos sentamos respetuosamente en el suelo de bambú para meditar. Cerramos la puerta corredera. Hice sonar las campanas y todos nos quedamos en absoluto silencio. ¡Estábamos meditando en Kurama! Veinte minutos después los Kamis de Kurama, el espíritu de Usui Sensei y la magia de Japón nos regalaron uno de los momentos más especiales de nuestros caminos con Reiki. Mientras meditábamos, un monje budista de la orden de Kurama entró respetuoso al templo. Diligente preparó las velas, ofrendas y demás para un ritual que no esperábamos. Se sentó frente al Buda que preside el interior del templo y empezó a recitar el Sutra del Corazón en japonés. Ahí estábamos nosotros, los únicos en el templo junto a él, escuchando con lágrimas en los ojos el Sutra más representativo del budismo Mahāyāna.

Gratitud.

Entre el silencio necesario para la introspección y las ganas de comentar la experiencia con los demás fuimos al templo principal: Kurama Dera. Una plaza preside el lugar, en el medio de la plaza un círculo, y en el centro del círculo, marcado en el suelo, el lugar de poder de Kurama. Uno a uno pasamos por el centro para terminar haciendo un enorme círculo con todos cogidos de las manos. Reiki. Después de visitar el templo, comprar incienso y tomar algunas fotos, practicamos Reiju (Iniciación) en los diferentes bancos que hay alrededor de la plaza. La imagen de todos llevando a cabo el ritual más profundo del Reiki Ryoho frente a Kurama Dera es difícil de superar. Todos estábamos emocionados, felices, conectados…

Con respeto y afecto, uno a uno hicimos sonar la imponente campana del templo. Seguimos ascendiendo por el sendero que lleva a la cima. Después de Kurama Dera el sendero se vuelve algo más salvaje, exigente… pero precioso. Pasamos al lado de varios lugares de retiro, pequeñas cabañas donde los buscadores de silencio se retiran durante días para meditar y encontrar lo que nunca perdieron. En una de esas cabañas Usui Sensei sintió Reiki por primera vez.

En la cima de Kurama se encuentra uno de los espectáculos de la naturaleza más bonitos del lugar: Las raíces de los árboles crean una red espectacular sobre la superficie. La historia cuenta que allí se lastimó el dedo de un pié Usui Sensei. Justo en ese lugar nos sentamos para comer y descansar.

Seguimos el sendero que descendía hacia Kibune, el pueblo situado en el otro valle del monte Kurama. Realizamos nuestra siguiente parada: una espacio abierto y llano junto a un templo, un pequeño estanque y varios cedros centenarios morada de los Kami. Meditamos y practicamos Reiki todos juntos antes de emprender nuestro camino de regreso. En actitud meditativa caminamos, primero en sentido ascendente y después descendente, todo el camino de regreso al pueblo de Kurama. Ya en el pueblo seguimos la única calle del lugar. 

Kurama es un pueblo pequeño, muy pequeño, que transcurre por el estrecho valle a la ladera del monte Kurama. Sin embargo, el pueblo es famoso por el Ryokan Kurama Onsen, un hotel tradicional japonés de menos de diez habitaciones y unos baños muy populares. Nuestro destino final.

Mujeres por un lado y hombres por otro tomamos primero los baños interiores para terminar disfrutando de los baños exteriores con vistas al monte de Kurama. Allí estuve durante mucho, mucho tiempo, admirando en silencio la imponente ladera verde del monte Kurama. Cuando decidí salir, todos, absolutamente todos, ya esperaban en la sala de relajación.

Comimos en el restaurante tradicional japonés de Kurama Onsen. Sentados en el suelo y con una taza de té verde en la mano admiramos los rituales que los japoneses siempre llevan a cabo a la hora de servir la cena. Normalmente en la cena sueles comentar con los compañeros las experiencias del día, que eran muchas, pero la propia cena se llevó el protagonismo.

El viaje en tren de regreso a Kioto nos dio a todos tiempo para entender que la experiencia de Kurama necesitaría muchos meses para ser digerida. Muchos.

Viaje de Reiki a Japón 2018 (Curso de Maestría)

Jordi Ibern (junio 2017)

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¿Por qué un retiro de Reiki y Yoga?

La primera vez que organicé un retiro de Reiki & Yoga fue en el año 2010 junto a Jose de Groot. Fue su idea, no la mía. Los retiros de Yoga siempre me había parecido algo tan atractivo como innecesario. Me equivocaba. Evidentemente no es imprescindible participar en un retiro, ni es una de esas cosas que debes hacer sí o sí antes de morir, o quizás sí, quién sabe…

Desde ese primer retiro cerca de Lleida he organizado y participado en muchos más. Los hay de tres días, los llamados retiros de fin de semana, los hay de cuatro o cinco días, muy habituales en Semana Santa y en semanas con días festivos, y los hay de una semana, quince días e incluso un mes de duración. Los más habituales son los de fin de semana, aunque no voy a centrarme en ellos para explicar lo que deseo explicar; para mí, los retiros que pueden cambiar una vida son los de, al menos, cinco días de duración.

Para empezar uno acostumbra a ir a un retiro de Yoga y/o de Reiki solo. Hay mucha más participación de mujeres que de hombres, con una proporción de 8 a 2. Ir sola a un retiro es en sí una experiencia muy interesante y por supuesto algo arriesgada. ¿Quién habrá? ¿Encajaré? ¿Habrá más gente de mi edad? ¿Serán las demás participantes mucho más expertas que yo? ¿Habrá el nivel adecuado? ¿Será demasiado ‘flower power’? Son solo algunas de las preguntas que todos y todas nos formulamos. Es normal.

Como yo doy retiros de Reiki y Yoga junto a profesoras de Yoga (Yasmine Sinno y Jose de Groot), hablaré desde mi experiencia en este tipo de retiros. Normalmente la mitad de los participantes son, o bien alumnas habituales de Yoga de ellas, o bien alumnas/os míos de Reiki. Los demás participantes suelen ser personas que han encontrado este retiro por internet, a través de otros mecanismos publicitarios, o amigos de alguien que les ha recomendado que vinieran a uno de nuestros retiros. Estas personas son las que suelen hacerse más preguntas antes de venir. Los demás ya nos conocen y esto les da una leve ventaja en forma de confianza.

Los retiros espirituales en general, y de Yoga en particular, suelen tener unos componentes básicos: dieta sana (normalmente vegetariana) sin alcohol, naturaleza, meditación, tiempo de reflexión o descanso, un horario establecido de actividades con inicio a primera hora de la mañana y mucho Yoga. Evidentemente en los retiros de Reiki y Yoga suele haber, además, Reiki.
Todos los profesores que organizamos retiros sabemos que durante esos días vamos a estar trabajando las 24 horas. No se trata de clases habituales, se trata de experiencias que duran los días que dura el retiro. Tienes que estar presente, te van a necesitar. Lo disfrutas en la misma medida en que sientes cansancio.

La llegada al lugar de los participantes es, para mí, uno de los momentos más importantes. Al fin y al cabo las personas recordamos con mucha más claridad tres momentos claves en toda experiencia: El primer encuentro, el momento más intenso y el final. La experiencia de la llegada es distinta para cada participante, la timidez o la extroversión, el momento vital que están viviendo, si viene sola o no, si conoce a los profesores o no, etcétera. son variables importantísimas en este primer encuentro. Todos los profesores tratamos de recibirles personalmente para hacer que este primer encuentro sea un trámite agradable.

Empieza el retiro. Siempre me fascina observar cómo todas las personas se convierten en niños y niñas durante los días del retiro. Al fin y al cabo la diferencia entre ser un niño y ser un adulto, independientemente de la edad, reside en tener responsabilidades o no tenerlas. En los retiros estás casi obligado/a a ser un/a niño/a. Y lo consigues. Se te asigna una habitación, normalmente con roommates (tus compañeras), lo que suele transportarte a una época ya pasada y que sueles recordar con cierta nostalgia. Empiezas el día con un silencio buscado, deseado y necesitado. Los horarios están establecidos, el desayuno, la comida y la cena suelen estar listos a la hora prevista y tú no tienes que hacer nada más que disfrutar comiendo y recoger tus platos. Tienes tiempo libre en que estás casi obligada a no hacer demasiado, hablar o pasear tal vez. Las clases suelen ser de tu agrado, difícilmente habrías venido si no lo fueran, y de nuevo te obligan a estar pendiente de ti, de nadie más. El esfuerzo y las emociones que aparecen durante la práctica de Yoga te acercan a tus compañeras y compañeros. Todos comentan entre apasionados y cariñosos las clases que acaban de recibir. Los rostros con los que te cruzas son amables, empáticos. Eres una niña feliz.

La práctica habitual de la meditación en los retiros de Yoga y Reiki aporta ese ritmo imprescindible para que te sientas en paz. Ese ritmo tan anhelado en el día a día ‘normal’. La práctica de Yoga te regala, además de sus efectos terapéuticos, la sensación de que te estás cuidando y de que, al fin, demuestras que te amas. Al cabo de dos días ya tienes muy claro que te gustas. El Reiki te aporta esa inexplicable sensación de que no te has desviado de tu camino. Te sientes vulnerable y fuerte a la vez. Te gusta. Todo tiene sentido. Es a partir de ese segundo día donde todos, participantes y profesores, somos ya una familia compartiendo una experiencia que nadie va a olvidar. Es en el último día donde todos nos damos cuenta de ello.
Durante los días del retiro no hay mucho más en el mundo más allá de la meditación por la mañana, las clases de Yoga más intensas de la mañana, los desayunos que devoramos con avidez, las conversaciones acerca del retiro, los talleres de Reiki, de Yoga o de ambos, la comida, las clases de la tarde, la cena, el silencio, la naturaleza… Nada más. Por fin lo has conseguido, te sientes conectado/a como nunca y, sin embargo, en el futuro recordarás el retiro como una semana de ‘desconexión’ increíble.

El último día. Para los profesores este último día es tan contradictorio como especial. Nos sentimos tristes y satisfechos a la vez, cansados y felices. Deseosos de descansar, pero no queremos que acabe. Para los alumnos suele ser un día emotivo, sincero, alegre y triste. En una semana has conocido amigos para toda la vida. Has rejuvenecido. Estás motivada/o a vivir más tu vida, ser constante en tus prácticas y repetir experiencia tan pronto puedas. Una semana. Una vida.

Jordi Ibern (enero 2017)

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Reiki en Choreoscope Barcelona 2016 

Este año he tenido la suerte de poder colaborar con el festival internacional de cine y danza de Barcelona, Choreoscope 2016. Tengo que decir que disfruté mucho de poder dar una clase de dos horas de Reiki y Meditación para bailarines y actores, de Barcelona y de todas partes. El festival tenía dos sedes, el Arts Santa Mónica y la Filmoteca, dos lugares mágicos para disfrutar de actividades culturales en Barcelona.

Recibí una gran alegría cuando me contactaron para ofrecerme la posibilidad de colaborar; no lo esperaba y me ilusionó. Creo que una práctica regular de Reiki y de meditación es el complemento ideal para bailarines y actores, ya que su profesión, imprescindible para una sociedad sana y madura, requiere de una intensidad y una entrega que no siempre son fáciles de llevar, ni de digerir. También tengo que decir que hacer clases de Reiki en Barcelona siempre me resulta motivador y estimulante. Me gusta pensar que la ciudad donde vivo es una ciudad sensible, cultural, abierta y generosa.

La experiencia en el Choreoscope fue muy bonita y la organización perfecta. Bajo la mirada atenta de las fotografías de la exposición DOLOR, de Charlotte Audureau, pudimos hacer una degustación de Reiki y un rato de meditación. El silencio interno contrastaba con el habitual exceso de la Rambla, a pocos metros de donde estábamos. Hacer Reiki en el corazón de Barcelona para bailarines y actores fue una experiencia inolvidable y preciosa. Necesitaba escribirlo. Además, tuvimos la suerte de que ONEWAY, el magazine informativo de ZoomBarcelona nos grabó. Aquí os dejo el video, espero que os guste!

Clase de Reiki & Meditación en el Festival de Danza y Cine de Barcelona 2016

Jordi Ibern (diciembre 2016)

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Éxito = Talento + suerte (D. Kahneman)

Lo siento, no he podido resistirme a escribir acerca de esta afirmación del premio Nobel, Daniel Kahneman, que por cierto añadió poco después una nueva afirmación a la primera ecuación: “Mucho éxito = un poquito más de talento + mucha más suerte.” Me encanta hablar acerca de ello, acerca del éxito, cuando hablo de Reiki.

Para saber si tenemos éxito, y percibirlo por supuesto, es imprescindible que tengamos un objetivo, una meta que alcanzar, de otra forma es muy posible que obtengamos éxito en nuestras acciones y no seamos para nada conscientes de ello. Por ejemplo, si deseas hablar un nuevo idioma, la meta es hablar correctamente esa lengua, el día que te das cuenta que puedes comunicarte fluidamente y escribir correctamente en ese nuevo idioma, ese día eres consciente de que has tenido éxito. Y en verdad lo has tenido, en este caso no solo es una experiencia subjetiva, es un hecho. En cuanto a lo que a Reiki se refiere, lo primero que debemos hacer es meditar y reflexionar acerca de cuál es nuestro objetivo, la meta que deseamos alcanzar. Puede que en un primer momento esto nos parezca poco importante o, por otro lado, evidente, mas mi experiencia me dice que es necesario pensar y reflexionar acerca de ello. Buscar el objetivo que deseamos alcanzar con nuestra práctica de Reiki nos ayudará a mantener la motivación y, sobre todo, a disfrutar la experiencia subjetiva de haberlo alcanzado cuando así sea.

Hay muchas metas en el camino de Reiki, muchísimas, aunque las más comunes son: “curarse”, “sentir menos dolor”, “lograr estabilidad emocional”, “superar una pérdida”, “vivir la experiencia de sentirse en equilibrio”, “tener una vida espiritual significativa” y “sentir que perteneces al mundo”. De ellas, las cuatro primeras son metas propiamente dichas, por tanto hay grandes posibilidades de que con una práctica continuada y con un poco de “suerte” (Kahneman) lo logremos, sin embargo, las tres siguientes: “vivir la experiencia de sentirse en equilibrio”, “tener una vida espiritual significativa” y “sentir que perteneces al mundo”, son metas de continuidad, no son un final en sí mismo: Aunque una persona pueda tener la experiencia temporal de pertenecer al mundo o de tener una vida espiritual significativa, en el momento en que la práctica decae y la persona se “abandona” un poco, es muy posible que esa experiencia también le abandone, y con ella también la sensación de éxito.

La experiencia de éxito es subjetiva, uno puede tener éxito y sentir que fracasa, o no tenerlo y sentir que lo tiene, por tanto tiene una fuerte relación con los procesos internos que esa misma persona está viviendo. Bajo mi punto de vista esa experiencia subjetiva es lo que importa, y en lo referente a cualquier práctica espiritual honesta, la experiencia subjetiva de éxito viene dada por el día a día, el esfuerzo, la continuidad y la aceptación. Cuando una persona trabaja, trabaja y trabaja para conseguir algo que quiere, normalmente ya experimenta una sensación de éxito; cuando no es así, es muy probable que la persona, consciente o inconscientemente, sepa que no está esforzándose aquello que debería y podría. Por supuesto nos resulta mucho más fácil quejarnos que aceptar esa realidad, y normalmente lo hacemos. También existe el otro extremo, la persona que trabaja, trabaja y trabaja, y no consigue alcanzar esa meta ni percibir la deseada experiencia. Es frecuente que en ese caso nos olvidemos de la segunda parte de la ecuación de Kahnemam, “la suerte”. Un análisis un poco más profundo de esa situación nos llevará a encontrar una actitud de exceso de responsabilidad (Complejo de Dios) de esa persona.

Asumiendo el riesgo que conlleva modificar una ecuación dictada por un premio Nobel, me gustaría añadir un elemento: “la perseverancia”, dejando la ecuación como sigue: “Éxito = talento + perseverancia + suerte”, con tres variables: “el talento” que nos viene dado, aunque hay que buscarlo, despertarlo y estimularlo; “la suerte” que es aquello que influye en nosotros ajeno a nuestros deseos y esfuerzos; y “la perseverancia”.

En lo que respecta a la variable “suerte”, a muchas personas les gusta darle otro nombre o verlo desde otro punto de vista. La suerte puede ser “la voluntad divina”, “los deseos del Universo”, “lo que debe o no debe ser” etc. Me gustaría citar aquí a Ramana Maharshi, perteneciente a la doctrina Vedanta Advaita, quién expresa perfectamente lo que trato de decir: “Lo que esté destinado a no pasar, no pasará. Lo que esté destinado a pasar, hagan lo que hagan para prevenirlo, pasará.” Por tanto, ya sea la suerte entendida como azar, voluntad divina o designios del Universo, es un factor en el que no nos queda otra opción que confiar en que en una situación determinada, estará de nuestro lado. La experiencia me obliga a creer, con cierta sensación de placer, que a las personas con una Fe fuerte y sana les resulta mucho más fácil confiar en que esa variable jugará a su favor.

Juntando todas las piezas nos vemos obligados a llegar a una conclusión: si el talento está y la suerte nos viene dada… ¿cuáles son nuestras opciones para conseguir el éxito deseado? De las tres variables que determinan si vamos a alcanzar el éxito deseado o no, solo “la perseverancia” depende de nosotros y nace y muere en nosotros, por tanto solo nos queda un camino: “Pico y pala”: trabajo, constancia y perseverancia y, si lo deseas, puedes acompañarlo confiando en la suerte y en tu talento.

Sin perseverancia, con mucha suerte y mucho talento también se puede tener éxito, pero si tiene, éste suele ser fugaz. Con una fuerte perseverancia, poca suerte y poco talento se puede tener éxito, y éste suele ser duradero.

Jordi Ibern (agosto 2015)

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¿Por qué cuesta tanto mantener una práctica regular?

Una de las dificultades más persistentes a la que los practicantes de Reiki nos enfrentamos es mantener una práctica regular. Esta afirmación podemos aplicarla también a la práctica de la meditación, Yoga, Qi Gong, etc. pero, ¿por qué cuesta tanto mantener una práctica regular de algo que nos beneficia?

Desde que empecé a enseñar Reiki, uno de los retos más desafiantes y difíciles a los que me enfrento consiste en transmitir a los alumnos y practicantes de Reiki la motivación suficiente para que practiquen, muchas veces sin éxito. Es de sobra conocido que la motivación es la fuerza que energiza el cuerpo y guía la conducta. Teóricamente una práctica que aporta beneficios para la salud y mejora el estado de ánimo debería ser una de las conductas más fáciles de mantener, sin embargo no es así. Las razones son múltiples, y en ningún caso quiero esclarecerlas todas, dado que no las conozco, tan solo deseo poner sobre el papel mis reflexiones acerca de ello.

Siempre hay una razón por la que alguien se interesa por Reiki, normalmente esta razón encierra una necesidad, y la satisfacción de esa necesidad es la motivación por la que se interesaron por Reiki desde el principio. Las razones más comunes suelen estar estrechamente relacionadas con la necesidad de mejorar un estado anímico, reducir o eliminar un malestar o curar una enfermedad. Solo unas pocas personas aseguran que desean aprender Reiki para su crecimiento personal. Por supuesto también existen muchas personas que afirman que desean aprender Reiki para ayudar a los demás, y otras que la razón es simple curiosidad… De todas maneras, siempre bajo mi experiencia, la motivación más común es la de reducción de un malestar, sea éste físico, psicológico o espiritual. La práctica de Reiki ayuda a reducir y, en muchos casos, a eliminar este malestar, lo que provoca que el esfuerzo necesario para encontrar el tiempo para realizar la práctica disminuya. Nos resulta mucho más fácil motivarnos y encontrar tiempo cuando no nos encontramos bien, que hacerlo cuando nuestro estado es de relativo bienestar. Esta es una de las razones por las que nuestra práctica decae de vez en cuando; también es cierto que los cambios en los hábitos y actitudes no suelen realizarse e integrarse de un día para otro. Aunque nos encante la sensación de tranquilidad y conexión que percibimos con Reiki, nuestros hábitos y costumbres anteriores estás fuertemente arraigados y nos empujan a mantenerlos. Cambiar un hábito requiere un esfuerzo, tanto físico como mental, requiere cierta concentración y un estado de alerta que pocas veces podemos mantener. La buena noticia es que siempre podemos volver a intentarlo, esforzarnos y finalmente tener éxito.

La práctica de Reiki nos aporta mucho más que un estado de relativo bienestar, nos aporta la sensación de pertenecer al mundo, a las personas y al corazón. Es una sensación difícil de describir con palabras, pero una sensación que todos los practicantes hemos sentido. Tener una práctica regular y sincera te lleva inequívocamente a sentir ecuanimidad en tu interior, pero para ello es necesario profundizar en la práctica y eso no es posible sin una motivación adecuada. Quizás nuestro error, el error de los profesores, ha sido enfocarnos demasiado en los efectos inmediatos de la práctica, como la reducción del malestar, y no saber enfatizar lo suficiente los beneficios a largo plazo de cualquier práctica Espiritual profunda, como la sensación de pertenecer al mundo y la de sentirse plenamente amado.

Jordi Ibern (febrero 2015)

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¿Por qué hay tanta diversidad en la enseñanza de Reiki?

Existe una gran variedad dentro de la enseñanza de Reiki y eso es debido, en parte, a la falta de contacto durante muchos años de la tradición occidental con la oriental. ¡Reiki se creyó desaparecido en Japón hasta los años 80! Cuando ambas tradiciones se empezaron a encontrar ya había mucha distancia entre ellas. Reiki se expandió muy rápidamente en occidente, pero con unas carencias importantes en muchos de los casos: la práctica y su significado profundo. Reiki en oriente es entendido siempre a través de los conocimientos del Ki (Qi) y las fuerzas que inervan y actúan sobre la naturaleza y la vida misma, pero en occidente estos conocimientos no están tan arraigados culturalmente y ello llevó a las personas a buscar y dar explicaciones “alternativas”. Y aquí es donde la corriente “New Age”, muy popular durante los últimos 25 años, encontró su sitio dentro de las enseñanzas de Reiki.

Muchas escuelas occidentales de Reiki y muchos de sus maestros juntaron la práctica de Reiki con explicaciones esotéricas y por ello nos encontramos con Reiki y ángeles, maestros ascendidos, seres de luz, hadas, etc. que poco tienen que ver con la práctica de Reiki y mucho con las creencias que cada uno decide para sí mismo. 

La necesidad de comprender la realidad en la que vivimos es una necesidad psicológica bien conocida: conocer la realidad nos permite vivir en ella, en parte controlarla y en parte prever los posibles peligros. Cuando nos encontramos con unos resultados y unas experiencias desconocidos, nuestra mente busca explicaciones para satisfacer esa necesidad de comprensión, solo así podemos sentirnos tranquilos y seguros en un mundo desconocido e imprevisible. Normalmente esas explicaciones las buscamos en los "archivos" de nuestra mente: recuerdos, experiencias, historias, leyendas, etc. Cuando encontramos una posible explicación, una que resulte suficientemente satisfactoria, nos la quedamos. Son pocas las personas que se atreven a investigar más allá de los conocimientos almacenados, aunque existen, por supuesto.

Reiki apareció en occidente en una época donde el contacto con oriente y la información general que se tenía acerca de su cultura y de su sabiduría era mucho menor que la que tenemos en la actualidad, sin embargo Reiki se expandió mucho más deprisa de lo esperado y la necesidad de comprenderlo y explicarlo apremiaba a sus practicantes y maestros. Las diferentes y variopintas explicaciones de Reiki son el resultado de la unión de esa necesidad y los conocimientos accesibles de la época. Por supuesto no hay que dejar de mencionar el poco control y la falta de regulación que han acompañado Reiki desde su aparición en occidente a mediados del Siglo XX. Todo ello no ha favorecido en absoluto el acuerdo y la unanimidad en su enseñanza. Los estudios científicos centrados en Reiki no empezaron hasta finales del siglo pasado, pero existen, y cada vez hay más. Los conocimientos acerca de la vida de Usui, el fundador de la enseñanza Reiki, son mucho más precisos y conocidos ahora, y los fundamentos de la sabiduría oriental, así como sus conocimientos acerca del Qi y las leyes energéticas que rigen la existencia, son fácilmente accesibles en occidente, por tanto quizás es hora de llevar a cabo una profunda reflexión acerca de Reiki, dejar atrás las explicaciones innecesarias y faltas de fundamento y tratar de unificar criterios y enseñanza.

Mikao Usui tenía una profunda vida espiritual, con unos principios éticos y unos valores muy arraigados; Usui siempre intentó transmitir esos valores junto a la práctica de Reiki. Esos valores y esa profunda inclinación espiritual son la verdad acerca de Reiki. Con un criterio unificado, unos estudios que lo avalen y unos conocimientos más precisos, Reiki podrá ser accesible a todas las personas. Sin ello, sin esa unión, seguiremos caminando por las caminos de lo desconocido apartando a aquellos que no se creen nuestras historias.

Jordi Ibern (febrero 2015)

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